MANIFIESTO PARA LAS MADRES "PERFECTITAS"

Desde que recibí la tarjeta que me acredita como madre, he conocido cientos de especímenes de mi mismo club.
No sólo a través de este medio virtual, sino en todas partes.
Allá por donde voy, me encuentro embarazadas, mujeres con carritos, madres sin aliento  persiguiendo a niños que corren que se las pelan.
Los parque están llenos de asociadas a mi club!
Me pregunto dónde se escondía esta gente cuando yo estaba soltera.
Hay muchos tipos de madre.
Hoy dedicaremos unas palabritas, a ese conjunto – que, por cierto, abunda – de mamás SUPER PERFECTAS.


Estimada madre Superperfecta:
Siempre llevas el look perfecto: uñas pintadas con el color de moda, tacón afilado, la mecha cubriéndote la raíz y esa sonrisa blanqueada en la cara que me saca de quicio. Por no hablar de tu tipo de veinteañera estúpida que exhibes sin pudor delante de mí y que me obliga a esconder mis babas de buey entre capas y capas de ropa. ¿Qué pasa, que a ti te liposuccionan después de parir?
Estimada madre Superperfecta:


Tus niños nunca llevan lamparones. Ni mocos estalactita. Me pregunto si es que les das de comer con alguna clase de babero distinto al mío. Porque, por más que intento momificar a la niña a la hora de comer, pase lo que pase, LA GOTITA DE HUEVO acaba aplastada en su ropa…o la mía!!!
Hablar contigo llena de pus mis trompas de Eustaquio. Tus retoños siempre duermen trece horas del tirón, comen de todo, jamás se ponen enfermos y, si lo hacen, en lugar de cagarte en el padre que los concibió, te dedicas a fardar de lo bien que lo llevas.
Aún no te he oído quejarte. Según tengo entendido, te va taaaaaan bien, que tendrías uno detrás de otro. Pero, ¿¿¿¿¿de qué vas??? Es esta la solidaridad con las que aún tenemos la entrepierna temblando de pavor!??
Por supuesto, tu parto no podía ser distinto. Te tiraste un pedo y tu hijo ya estaba en manos de la matrona. Rosadito, sin cara de alien, la nariz deshinchada, los ojos azules, llenos de pestañas y gesto placentero. Porque claro, JAMÁS lloraba por las noches, según me has contado.  Chica, ¿tú has tenido un nenuco de plástico?
Nada te hace perder la calma. Tu hora del baño suena a una sesión de spa infantil; vestirles debe ser lo que más les gusta del mundo y como vais todos tan conjuntados…Ah, que toda la ropa se la coses tú. Claro, ya. Era de suponer que tu irritante perfección llegaba a esos límites.
Y también me dirás que eres una de esas eruditas que lee un libro por semana, que trabajas en lo que te gusta “part time” y que sales de marcha con tu maridín “el macizorro” todos los viernes. Ya, ya. Hija, no me cuentes más, porque casualmente, en mi bolso lleno de migas de aspitos, hoy llevo una sartén del tamaño de un semáforo y me están entrando unas ganas de estampártelo que…mejor hazte a un lado, chata.
Pues que sepas que tú y yo nos parecemos poco.
Parí chillando como una hiena cabreada, tuve un postparto de mierda y hasta que la niña durmió del tirón pasaron tres años chinos del dragón.
La maternidad me saca de quicio mil veces y no, no me han faltado ganas de estampar a mi hija contra la pared. Más de una  y menos de 40. Para que te hagas una idea, cuando mi cabeza llega a temperatura Varoma, he llegado a zarandearla como si fuera un sonajero humano. Intensidad 5 aprox. No, no te lleves las manos a la cabeza.
Mi “pastelito” es en realidad una perraca con un carácter del demonio, que chilla igual que Farinelli il Castrato, que ha aprendido a hacer burbujas con la cuchara llena de puré (dirección su ropa, la mía, la trona, las paredes…) y cuya afición es lanzar a modo jabalina todo lo que esté a menos de 80 centímetros del suelo.
Mi casa no sale precisamente en TELVA, más bien se parece a la residencia de los Hunos.
La última vez que fui en el metro me empecé el libro que ya me había empezado el año anterior y que sigue cogiendo polvo en la mesilla. Vamos que no me lo he acabado.
La madre que suscribe es una mendiga y todo lo que puede, lo hereda. Incluso esas chaquetas tan ideales llenas de bolos. Siiii, me las prestó mi prima…¿¿y??
Uyuyuy, espera, que no he acabado.
Ya hemos pasado dos gastrointeritis. Y digo hemos porque después de las suyas, van las mías. De enfermedades, poco más que decir: es un moco viviente desde que nació, tiene conjuntivitis cada dos semanas, y alcanza los 40 grados cada vez que le sale un diente. Ya lleva 8, así que aún me quedan más botellones  nocturnos a base de dalsy. Por cierto, no caga rosas, sino plastas verdes y marrones, mínimo dos veces al día y lo hace como si no hubiera un mañana, e mancha hasta la espalda.
El chándal no es que me entusiasme, pero como tiende a rebozarse por todas las superficies sucias a su alcance, he llegado a la conclusión de que sus vestido de “Chucci” (que no Gucci) no valían la pena para tal faena.



Los viernes por la tarde estoy tan muerta que me pongo los calcetines verdes feos que usaba en el colegio, el forro polar, la manta y me quedo en babia flipando con Hermano mayor, ese reality que a ti seguro te pone los pelos de punta porque tus hijos recibirán la educación más exquisita. Yo aún estoy inventándome enfermedades para sumar puntos que me permitan entrar en el cole más cercano….
Mi machoalfa no tiene parangón. No está depilado como el tuyo, ni es un experto surfista, ni está moreno, ni se echa cremas. Ni le gusta el olor de las mías. Pero es el mejor, aunque no sea capaz todavía de poner un pañal correctamente. En su defensa diré que nuestra hija, ama el naturismo y prefiere escaparse por toda la casa como la traje al mundo, que el suplicio de ponerse el pijama.
Y chica, la de cosas que te contaría, pero veo que se ha desencajado tu perfecta y “braquetizada” mandíbula y no es plan. Ya sabes que no me caes bien y que, posiblemente, la próxima vez que te vea, me cambiaré de acera. No es nada personal, es que seguro que me pillas con la parte de arriba del pijama escondida en el abrigo, el pelo oliendo a fritanga y la raya sin pintar…

Yo, por mí, te echaba del club pero…supongo que en la vida, tiene que haber de todo.

Hala maja…que no te explote la pompa de jabón de Marsella esa en el que vives…

Fdo:  Una madre mediocre.

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