ADICCIÓN AL MÓVIL

Pip-pip-piiip. Suena la alarma del móvil, son las siete de la mañana y toca levantarse, pero antes consultas los primeros twits y das los buenos días a tu pareja o a tus amigos vía Whatsapp. Abres Spotify (o tu reproductor de música preferido) y entras a la ducha. Luego, mientras desayunas, consultas las distintas redes sociales como Facebook, Tuenti, Instagram y revisas de nuevo Twitter, por si alguien ya ha dado los buenos días.De camino al instituto o a la universidad, mientras viajas en metro o autobús, consultas constantemente las primeras publicaciones del día, pero poco hay de nuevo. Quizás juegas a algún juego que te tiene tan enganchado, como Candy Crush, Triviados o Temple Run. Entras a clase y pones el móvil en silencio, solo por protocolo. Consultas con disimulo el móvil cada dos por tres y contestas los Whatsapps que te van llegando: en los grupos de conversación siempre hay alguien con algo que decir. Cuando vas para casa después de clases el móvil parece una extensión más de tu cuerpo, como si siempre hubiera estado pegado a la palma de tu mano. Quizás por la tarde trabajas y no puedes consultar el móvil, pero quizás te toca estudiar y, entre tema y tema, vas respondiendo. Por la noche, una vez te has acostado, revisas las redes sociales por enésima vez en este día, deseas las buenas noches con un mensaje de whatsapp, y pones el móvil en silencio, es hora de dormir. 

¿Qué tendrán estos aparatos que nos hacen tan dependientes de ellos para absolutamente todo?

Si bien es cierto que la problemática de las drogodependencias es un fenómeno complejo que podríamos detectar con relativa facilidad, muy pocos de nosotros consideraríamos la adicción al móvil como un problema del que hay que desintoxicarnos.
El teléfono móvil empezó siendo una gran herramienta para el contacto fácil entre personas, estuvieran donde estuvieran. Permitió un gran avance en las relaciones personales así como en el mundo laboral. Y como toda tecnología, los móviles han ido evolucionando hasta la actualidad, donde no sabemos cuál será su futuro.
Hoy en día, los smartphones nos ofrecen una gran variedad de aplicaciones y herramientas donde llamar es la última opción. Son pequeños ordenadores que nos caben en el bolsillo, con conexión a Internet y disponibilidad permanente. Tenemos la posibilidad de descargarnos multitud de aplicaciones gratuitas para cualquier actividad, por ejemplo: para registrar nuestros logros deportivos tenemos Runtastic, para escuchar música está la versión para móvil de Spotify, para editar fotos hay FxCamera o Vscocam, para crear recordatorios o documentos tenemos Evernote o el acceso directo a Google Drive, y para entretenernos tenemos juegos como Angry Birds, Triviados o Plants vs. Zombies.
Seguro que cada uno de nosotros hemos pensado en algún momento que deberíamos dejar el móvil de lado en ciertas ocasiones. Recuperar los buenos hábitos y comer concentrados en la conversación que tenemos con quien compartimos mesa y no con quien tenemos al otro lado del aparato; leer un libro en papel o las noticias en el periódico tradicional; usar el despertador tradicional y no el móvil, para evitar que sea lo primero que vemos al abrir los ojos. Dedicarnos tiempo a nosotros mismos y a nuestras familias sin necesidad de tener el móvil cerca y estudiar o trabajar con el móvil apagado, concentrados en los que estamos haciendo.

Un estudio de la Fundación Telefónica ha determinado que los españoles consultan una media de 150 veces al día su teléfono móvil. Descartando las hora de sueño, esto significa que cada 6 minutos estan mirando la pantalla.
De momento aún estamos cegados por las nuevas tecnologías y el asombro que nos ofrecen los nuevos modelos de smartphones. Pero en el fondo, somos personas humanas que valoramos las relaciones personales y la cercanía del contacto que éstas nos ofrecen. Tarde o temprano, recuperaremos aquello que parece que hoy estamos perdiendo por dedicarle demasiadas horas a la pantalla.

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