Padre Nuestro que estas en los cielos.
Heme aquí que llevo en mi seno a un niño pequeñito,
débil y vulnerable,
que ya va transformando todo mi cuerpo y mi corazón.
Gracias por habérmelo confiado,
gracias por permitirle acogerlo.
Como María acogió a Jesús en el día de la anunciación.
Gracias por permitirme acogerlo
como mi Madre me acogió cuando descubrió
mi presencia en lo más íntimo de sí misma.
Padre Bueno que nos amas,
estoy maravillada ante esta vida
tan secreta y palpitante,
tan frágil y llena de promesas.
Gracias por haberme dado los ojos del corazón
que me permiten desde ahora ver a mi hijo.
Cuando todavía no es visible.
Padre lleno de bondad,
ayúdame a hacer cada día lo que puedo hacer
para que este pequeñito sea feliz.
Te pido, Padre de todas las gracias,
poder transmitir a este hijo toda la fe,
toda la esperanza, todo el amor,
que llevo en mi corazón.
Por último, con mi hijo
que antes que nada es tuyo,
te pido padre, mantenernos
bajo tu protección.
Ahora y por siempre.
Amen.



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